Sociología del teléfono móvil

 

“El avance de la civilización permite a cada uno de nosotros mostrar las insospechadas nuevas virtudes y vicios que lo hace más caro o más insoportable para sus amigos”

 

(Marcel Proust, “En Busca del Tiempo Perdido”).

 

El potencial innovador de la tecnología de los teléfonos celulares en una perspectiva evolutiva

 

Desde sus inicios, hace miles de millones de años, la evolución de la vida en la tierra ha sido formada por dos limitaciones físicas altamente consistentes:

 

1) proximidad física siempre fue un requisito previo para que los organismos inicien y mantener relaciones de interacción continua;

 

2) morada estable, que era necesaria para el desarrollo de formas más complejas de la comunicación y la cooperación.

 

La primera de estas condiciones implica que la diversificación de las formas de vida y comportamiento tiene lugar principalmente como una diferenciación dentro de su espacio físico. En términos prácticos, esto significa que existen correlaciones entre la ubicación espacial y la prevalencia de determinados ecosistemas, las especies y las razas. En el plano humano, esto se refleja en los grupos raciales, étnicos y lingüísticos y muchas otras diferencias a lo largo de líneas geográficas, así como la alta visibilidad de cara a cara para el mantenimiento de las colectividades e instituciones sociales y para la satisfacción de necesidades individuales (fisiológicos y psicológicos).
La segunda restricción puede ser fácilmente corroborada por la regularidad empírica de niveles más avanzados de la interdependencia y la organización que sólo se encuentran entre los organismos que coexisten durante períodos más largos en la misma ubicación física. Por supuesto, también se produce interacción generalizada dentro manadas de antílopes, bandadas de pájaros o escuelas de peces, pero tienden a producir estructuras bastante simples y segmentarias – que no se han comparado con las sociedades elaborado realizado por abejas, hormigas estacionaria o primado simios. A nivel de las sociedades humanas, la misma regularidad puede ser demostrada convincentemente comparando poblaciones nómadas y sedentarios. Evidentemente, la creciente estabilidad de los asentamientos hecha posible por la horticultura en el período neolítico creó condiciones favorables para la aparición de estructuras organizativas más complejas y papeles ocupacionales diferenciados, y la evolución de los patrones de la agricultura sedentaria en los valles regados (Egipto, Mesopotamia, India) fue, sin duda, una condición necesaria para el surgimiento de civilizaciones de nivel superior (Lenski/Nolan/Coulborn Lenski 1995; 1959).

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